Palabra de GAP
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Un grupo de hombres y mujeres avanza lentamente con la mirada extraviada
en el paisaje interior de un dolor aferrado a sus huesos. La columna
se detiene y un silencio profundo inunda el espacio. Todos permanecen
inmóviles rodeando una pequeña caja de madera que
alberga los restos de un ayer que no traicionan. "Compañero
presidente: aquí traemos a uno de los nuestros que al igual
que usted fue un hombre digno y leal a sus principios y al pueblo
de Chile". La voz pertenece a uno de los sobrevivientes del
"Grupo de Amigos Personales" del presidente Salvador Allende,
el GAP. Cumplen el rito de llevar ante su tumba, los restos de uno
de los miembros del dispositivo de seguridad presidencial, uno de
los GAP detenidos-desaparecidos en 1973.
Los GAP llegaron a ser alrededor de 180 pero sólo sobrevivieron
92. Ninguno murió en el combate en La Moneda. Cuando agotaron
el escaso parque con que contaban, fueron detenidos y luego asesinados
por los militares.
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| ATRAS,
de izquierda a derecha, Ricardo Loyola; Mario Pérez; Manuel
Cortés; Elena Araneda; Aladino Arratia; Orlando Pérez;
Gabriel Núñez; Pablo Zepeda; y Mario Sandoval. Adelante,
Soledad Blanco, hija de Domingo Blanco Tarres, jefe del GAP, detenido
desaparecido. Faltan en la foto: Manuel Céspedes, Renato González,
Jaime Hernández, Antonio Reyes, Hernán Medina, José
Díaz, Víctor Aguilar y Carlos Boada. |
"Hoy nuestra historia resulta incómoda para el sistema",
dice Manuel Cortés Iturrieta, presidente de la Agrupación
de Sobrevivientes del Dispositivo de Seguridad del presidente Salvador
Allende, entidad que nació para rescatar el legado de ese puñado
de hombres. Aquel 11 de septiembre de 1973, Manuel Cortés se atrincheró
en el Ministerio de Obras Públicas junto a siete compañeros.
Luego vino la clandestinidad, el exilio, la preparación militar
y nuevamente la lucha, esta vez en la revolución sandinista donde
fue miembro del estado mayor adjunto del Frente Sur del FSLN.
En la actualidad, Manuel Cortés es miembro del comité central
del Partido Socialista: "Nuestra lucha es contra los sectores socialdemócratas
que traicionaron el carácter popular y revolucionario del partido",
sostiene.
NACE EL GAP
¿Cómo fueron los comienzos del GAP y cuál era el
grado de formación militar con que contaban ?
"Cuando Salvador Allende gana las elecciones en 1970, lo acompañaban
tres o cuatro compañeros y amigos. Se vio la necesidad de crear
un equipo más profesionalizado que se encargara de su seguridad
personal. Allende le pidió al PS que dispusiera para esa tarea
a algunos compañeros que tenían conocimientos específicos.
Existía en el PS un sector que pertenecía al Ejército
de Liberación Nacional (ELN), que daba apoyo al ELN boliviano.
Teníamos cierto conocimiento de armamento, inteligencia, etc. El
primer grupo de diez GAP fue conformado por cinco 'elenos' y cinco compañeros
del MIR".(*)
¿Cómo llegó usted al GAP?
"Fui contactado por el jefe del ELN en Chile, el 'Comandante Joaquín',
Rolando Calderón, dirigente de la Confederación Ranquil
que cuando fue nombrado ministro del Trabajo dejó de ser el revolucionario
que conocíamos.
En los primeros días trabajábamos veinte horas diarias.
Eso nos provocó un desgaste enorme. En seis meses conformamos dos
escoltas. Esto nos permitió dividir funciones en días de
trabajo, de instrucción y descanso. Mientras la escolta "A"
trabajaba 24 horas, la "B" tenía descanso, y así
sucesivamente.
Allende dormía muy poco y nosotros también. El presidente
terminaba de trabajar en La Moneda entre ocho y diez de la noche. Luego
tenía reuniones o una comida en otro lugar. Más tarde, en
su casa, sostenía uno o dos encuentros con sus asesores, terminando
su jornada entre las dos y tres de la mañana. Sin embargo, como
no le gustaba acostarse inmediatamente, nos invitaba a jugar ajedrez y
a conversar. Cuando lográbamos que se fuera a dormir, teníamos
un puesto de guardia contiguo a su habitación. Llamábamos
a este lugar la "guardia del 14" porque había un citófono
con ese número. El relevo era cada media hora, entre cuatro y seis
y media de la mañana. A esa hora hacíamos 30 minutos de
ejercicio. Luego, una ducha, el desayuno y a las ocho en punto teníamos
que estar listos con los vehículos y el plan de ruta del día".
EL "COMPAÑERO PRESIDENTE"
¿Cómo era la relación de Allende con ustedes?
"Mantuvo siempre un trato cordial con quienes trabajamos a su lado.
Era una relación de compañeros, fluida y abierta. A veces
nos hacía preguntas sobre economía y nos dejaba 'pillos'.
Eso nos obligó a estudiar para no quedar en ridículo. Comenzamos
a leer un resumen de prensa que llegaba todos los días desde La
Moneda, a las cinco y media de la mañana. Nos peleábamos
esa información para leerla antes que él y estar bien informados.
Con los años, me di cuenta que muchas veces le contestábamos
barbaridades, a pesar de nuestro esfuerzo por informarnos. Sin embargo,
él siempre tuvo paciencia, explicándonos el por qué
de cada cosa. Fue así como nos hizo comprender la necesidad de
un proyecto que buscaba utilizar el Estado burgués para hacer los
cambios sociales y transitar hacia el socialismo, con el menor costo posible.
Para Allende era fundamental aumentar el grado de conciencia del pueblo,
con el fin de posibilitar los cambios profundos en la sociedad. Su consecuencia
con esa idea, lo prueba el hecho que ganó las elecciones con un
36 por ciento y en tres años de gobierno aumentó el apoyo
del pueblo a casi 50 por ciento. Una de las mayores riquezas del proyecto
de la Unidad Popular fue abrir espacios de participación y de conciencia
política".
¿Qué aspecto de la personalidad de Allende destacaría
más?
"Su capacidad para comunicar su pensamiento a cualquier persona.
Podía hablar de temas políticos, económicos o filosóficos
con cualquier persona y darse a entender perfectamente. Era un placer
escucharlo y creo que por eso -además de su valentía, dignidad
y consecuencia- la gente todavía no lo olvida. Esa semilla que
dejó en la conciencia de nuestro pueblo, es urgente rescatarla".
Con la perspectiva del tiempo, ¿cree que era viable una revolución
sin contemplar el factor militar?
"Veíamos que la dimensión militar iba a presentarse
en algún momento. Los planes de la Unidad Popular y nuestro
partido era preparar condiciones para el momento en que viniera el
enfrentamiento. Allende lo tenía claro y confió en su
capacidad para convencer a los altos mandos de las Fuerzas Armadas
y acercarlas al proyecto. Pensaba que su carácter nacionalista
identificaría a los militares y permitiría convencer
a los altos mandos, o al menos a parte de ellos. El grave error fue
no tomar en cuenta la influencia del gobierno norteamericano sobre
los uniformados chilenos y la extracción de clase de las cúpulas
militares". |
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MANUEL
Cortés Iturrieta junto al presidente Salvador Allende. |
Desde el punto de vista militar, ¿cuál es la evaluación
que hacen ustedes del golpe militar? ¿Manejan algún número
de bajas de los militares?
"Es difícil cuantificar las bajas de las Fuerzas Armadas(**).
Desde que comenzaron a atacar La Moneda, a partir de las 07:50 horas,
hicieron alrededor de cuatro o cinco ofensivas, que fueron repelidas.
Eso los obligó a utilizar artillería y disparar con tanques
contra el palacio. Luego vino el bombardeo aéreo y sólo
lograron doblegar a los compañeros que defendieron el palacio cuando
se les acabó el parque. Nosotros tuvimos sólo dos heridos,
además de la dolorosa pérdida del presidente Allende y del
periodista Augusto Olivares que se suicidaron. Los compañeros heridos
después fueron desaparecidos".
¿No pensaron ustedes o el presidente Allende salir de La Moneda
para encabezar la resistencia desde otro lado?
"Si, e incluso hicimos dos intentos pero fueron rechazados por Allende.
Contacté por teléfono a 'Aníbal' (Juan José
Montiglio, actualmente desaparecido), que teníamos salida hacia
calle Bandera. Contábamos con vehículos con los cuales podríamos
haber intentado romper el cerco. Mandé a Patricio Quiroz -uno de
los choferes, que actualmente vive en México- para que explicara
el plan en La Moneda. Atravesó Morandé en medio de una andanada
de balas pero Allende se negó rotundamente. Incluso lo increpó
ordenándole volver a su puesto. Cuando regresó al MOP, lo
mandé nuevamente para que trajera al presidente como fuera. Lamentablemente,
esta vez no pudo llegar. Yo quería sacar al presidente y llevarlo
al sector sur de Santiago donde teníamos infraestructura. La idea
era pasarlo a la clandestinidad. Con el presidente vivo creo que hubiera
existido mayor resistencia popular, una presión internacional mayor
y hubiésemos contado con la conducción de un líder
de la estatura de Salvador Allende".
¿Por qué cree usted que Allende se negó a salir de
La Moneda?
"Creo que Allende estuvo muy solo en el tiempo previo al golpe. Existían
diferencias entre los partidos de la Unidad Popular. El programa de la
UP para seis años de gobierno se había cumplido en tres.
Había que crear una prolongación de ese proyecto y fue en
ese punto donde no hubo acuerdo. Los comunistas planteaban que había
que consolidar, los socialistas decían que había que avanzar
sin transar y el MIR, aunque no formaba parte de la UP, señalaba
que era el momento de crear poder popular. Incluso dentro del propio Partido
Socialista hubo gente que quería pasarle por arriba al presidente.
El día del golpe Carlos Altamirano, secretario general del PS,
envió a La Moneda a Hernán del Canto, uno de los encargados
del aparato militar del partido, para que solicitara instrucciones a Allende.
La respuesta del presidente fue clara y precisa: 'Si ustedes no saben
lo que tienen que hacer, yo sí tengo claro lo que debo hacer'.
Fue su respuesta a los que hicieron 'gárgaras' con balas y que
llegado el momento se paralizaron y lo dejaron solo".
En este mismo contexto, ¿cómo evalúa la actitud de
los dirigentes de la Unidad Popular para el golpe y cómo ha sido
su actuación posterior?
"La mayoría de los que sobrevivieron y tuvieron cargos fueron
siempre inconsecuentes. Cuando surge el gobierno de la Unidad Popular
todos los partidos de Izquierda tuvieron un aumento explosivo de militantes.
El PS subió de 60 mil a 120 mil. Se montaron al carro de la victoria
muchos oportunistas que tenían un buen discurso pero que nunca
dejaron de ser oportunistas. Lamentablemente, no fuimos capaces de detectarlos.
Uno fue Ariel Ulloa: para el 11 de septiembre era el encargado de la defensa
del gobierno y a las 9:00 de la mañana del 12 de septiembre ya
estaba asilado en la embajada de Argentina. En el exilio, lejos de aportar
a la lucha, fue un elemento de discordia. Con la Concertación fue
alcalde de Concepción y una vez más dio las espaldas al
pueblo y a sus ex compañeros. Lamentablemente, abundan los Ulloa
en la historia reciente".
¿Qué significó para usted el golpe militar?
"Mi esposa había tenido quince días antes del golpe
a nuestro hijo Rodrigo en el hospital de Chuquicamata. El niño
nació por cesárea y venía con síndrome de
Down. La dejaron con detención domiciliaria y se negaron a devolverle
al niño, mientras yo no me entregara. Finalmente, logré
ingresar con mi familia a la embajada de México. Ellos partieron
al exilio en diciembre de 1973 y yo quedé diferido con otros 72
compañeros hasta el 2 de junio de 1974".
EXILIO Y LUCHA INTERNACIONALISTA
¿Cómo fue su vida en el exilio?
"Viví en México dos años. En 1975 hubo un refichaje
en el PS y fui nominado para seguir la carrera militar en un país
hermano. Mi vida en esos años fue de trabajo y estudio. Estuvimos
seis meses como cadetes, siguiendo todos los cursos. Posteriormente, pasamos
a la Escuela Superior de Guerra. El compromiso del partido era que una
vez graduados regresaríamos a Chile para aportar en la lucha antidictatorial.
Sin embargo, cuando llegó el momento se nos planteó que
las condiciones no estaban dadas. Continuamos nuestro aprendizaje y tuvimos
una experiencia al mando de una tropa de combate. Luego fui instructor
en especialidades de armamento. Pasaba el tiempo y nuestra ansiedad por
luchar en Chile aumentaba. En el país amigo que tan generosamente
nos tendió la mano, ya no hallaban qué hacer con nosotros".
¿Cómo enfrentaron esa situación?
"Fue en ese momento cuando se produjo la crisis que provocó
la división del PS en 1978. Nosotros que constituíamos núcleos
compartimentados, le planteamos a Carlos Altamirano su responsabilidad
en los problemas que enfrentaba el partido. Le señalamos, además,
que no esperara de nosotros apoyo irrestricto porque nuestra situación
también era responsabilidad suya, producto de sus continuas negligencias.
Había llegado el momento de cumplir el objetivo por el cual habíamos
dejado todo. En ese marco, planteamos variantes, entre la cuales estaba
ir a combatir a Nicaragua para ayudar a los sandinistas. Como el 80 por
ciento de los cuadros militares del partido estábamos en esa posición,
Altamirano accedió. Si nuestra lucha internacionalista en Nicaragua
hubiese dependido sólo de los dirigentes del partido, jamás
habríamos participado".
REGRESO AL OTRO CHILE
¿Cuándo regresó a Chile y cómo fue su reencuentro
con el país?
"Regresé a Chile dos veces: en 1987 ingresé clandestino.
En la práctica se estaba dando una salida negociada a la dictadura.
Esta alternativa fue apoyada por la Internacional Socialdemócrata,
el Vaticano y el Departamento de Estado norteamericano".
¿Cuál es su opinión de los gobiernos de la Concertación?
"Han sido administradores de un sistema que fue impuesto a sangre
y fuego. No han realizado ningún cambio sustantivo del sistema
neoliberal y, en ese sentido, engañaron a gran parte del pueblo.
Del programa prometido no se ha cumplido prácticamente nada. Es
un hecho indesmentible. Pienso que Lagos no tiene voluntad de impulsar
cambios importantes".
Uno de los problemas que enfrenta la Izquierda es la falta de un proyecto
o programa político que le permita hacer frente al sistema neoliberal.
¿Cree que el programa de la UP tiene vigencia ?
"El diagnóstico de ese programa, es vigente. El problema real
no pasa porque la Izquierda no tenga proyecto sino por la falta de dirigentes
a la altura de las circunstancias, capaces de recomponer la Izquierda.
Estudiar y discutir el programa de la Unidad Popular, readecuándolo
en aquellos aspectos que sea necesario, sería un excelente punto
de partida para reorganizarnos".
¿Cree entonces que es posible construir una alternativa de Izquierda?
"No sólo es posible sino además se están dando
las condiciones para recomponer esa Izquierda que el pueblo requiere.
Está claro que el sistema neoliberal es incapaz de dar respuesta
a las necesidades de la población. El mercado no soluciona los
problemas de alimentación, salud, vivienda y educación de
toda la gente. Nuestro deber es hacer conciencia que el Estado debe cumplir
un rol importante, sobretodo en este momento en que el capital privado
se niega a realizar inversiones para aumentar el empleo".
En este proceso de construcción, ¿qué errores de
la Unidad Popular no podrían volver a cometerse?
"Uno de los principales errores que cometimos fue nuestro voluntarismo.
La Unidad Popular enseñó que los procesos tienen su propio
ritmo y que los cambios no los hacen las vanguardias sino todo el pueblo.
Muchas veces el que va al final de la fila es el que marca el ritmo y
eso hay que tomarlo en cuenta".
¿Cómo ha sido el proceso de reinserción de ustedes
desde el punto de vista de la subsistencia? ¿El Estado les ha concedido
alguna pensión o acceso a planes de salud?
"Hemos pedido en reiteradas oportunidades al Partido Socialista que
se otorgue una pensión de gracia al menos a quienes están
en peores condiciones. Desde hace cuatro años hemos enviado muchas
cartas al ministro del Interior y también al presidente de la República.
Hasta la fecha no hemos recibido respuesta. Lo asumimos como un desprecio
por el papel que jugamos los GAP. Esto es consecuente con los objetivos
de este gobierno: consensuar la historia. No le conviene reconocer que
actuamos en forma consecuente y leal, defendiendo la Constitución
y al gobierno legítimo. Somos incómodos para el sistema"
MANUEL HOLZAPFEL G.
NOTAS
(*) El primer grupo de escolta del presidente Allende estuvo formado sólo
por militantes del MIR, entre ellos Mario Melo Pradenas, ex "boina
negra" del ejército, detenido desaparecido; Max Marambio;
Humberto Sotomayor, etc. (Nota de PF)
(**) Cifras oficiales sitúan en 34 soldados y carabineros los que
murieron el 11 de septiembre. (Nota de PF)
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