Víctor Barrueto, presidente del PPD:
“No habrá cuarto gobierno
de la Concertación”
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El nuevo presidente del Partido por la Democracia (PPD)
Víctor Barrueto, (47 años, casado, tres
hijos), es economista de la Universidad de Chile y según
contó a Punto Final “fui el último
secretario general del Mapu, antes que formáramos
el PPD”. Se siente optimista, porque ha comenzado
su mandato con buena suerte. Asegura que pocos días
antes de asumir, una encuesta determinó que su
colectividad era la que más había subido
en adhesión -cuatro puntos-, seguida por la Democracia
Cristiana, que sólo subió un punto. Además,
“el día que asumí se produjo una situación
casi mágica, desde el punto de vista del espíritu
concertacionista: estaban presentes los ex presidentes
Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle”. Finalmente,
piensa que el nombramiento de José Weinstein Cayuela
(PPD), como ministro de Cultura ha sido el “broche
de oro”, que augura mejores tiempos para su colectividad.
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Sin embargo, la confianza del ex presidente de la Cámara
de Diputados no es la misma, cuando se refiere a la Concertación.
Para él, la coalición ha sufrido un progresivo desgaste
“y no estoy tan seguro que seamos capaces de volver a reinterpretar
a la sociedad chilena y ofrecerle un proyecto de país atractivo
y potente”, dice Barrueto.
VIABILIDAD DE LA CONCERTACION
Más allá de su optimismo, usted asumió la
presidencia del PPD en un momento difícil, tanto para su
partido como para la Concertación. ¿En qué
basa ese optimismo y cuál será su línea de
acción para conducir a su colectividad?
“El PPD, efectivamente, ha vivido una crisis y hemos tenido
la valentía de reconocerlo. Diseñamos un camino
para superarla y confío que lo haremos. Pienso que la juventud
del PPD como partido hizo que el difícil momento que pasamos
como Concertación, producto de los casos de corrupción,
nos afectara más que a otras colectividades.
Nuestra identidad era la de un partido fiscalizador, que de improviso,
por responsabilidad de unos pocos, pasó al banquillo de
los acusados.
En cuanto a la Concertación, yo precisaría en primer
término que ha sido la coalición que más
progreso ha traído al país en los últimos
cien años. Sin embargo, hay que tener cuidado; si bien
logramos el objetivo principal que era recuperar la democracia,
el país hoy pide otras cosas, y no tengo claro que estemos
respondiendo bien. En lo inmediato pienso que saldremos de la
parálisis, porque se ha generado un clima de más
optimismo, que nos hace prever un término exitoso del gobierno
de Ricardo Lagos. Ello permite avizorar el logro de acuerdos para
respaldar algunas iniciativas importantes para el Ejecutivo y
un pacto municipal conveniente para todos. No obstante, no soy
tan optimista respecto de la posibilidad que la Concertación
vuelva a ser una alternativa futura”.
¿Por qué ese pesimismo?
“La Concertación sufre un agotamiento progresivo
desde hace algunos años. La explicación de ese desgaste
es la pérdida del sentido de su misión. Recuperamos
la democracia, logramos crecimiento económico y reducir
la pobreza. Pero nos fuimos quedando sin sentido de misión.
Comenzó a primar la lógica del poder por el poder.
En esas condiciones, no estoy tan seguro que seamos capaces de
volver a reinterpretar a la sociedad chilena y a ofrecerle un
proyecto-país atractivo y potente. Para hacerlo, tendríamos
que reencontrarnos con la gente”.
¿Cuál es su proyecto de partido y en qué
se diferenciará de la conducción que le dio Guido
Girardi?
“El PPD es el partido que más ha sintonizado con
el tipo de sociedad que emerge en Chile. Una sociedad que está
superando el Chile machista, autoritario, centralista, homogéneo
culturalmente. Las mujeres tienen un protagonismo económico,
social y político creciente, y el pueblo mapuche exige
sus derechos, etc. Esa sintonía explica que en los últimos
diez años hemos encabezado gran parte de los nuevos temas
de la política: la lucha por el medio ambiente; la regionalización;
la defensa de los derechos de los consumidores y de la mujer;
la lucha contra la censura y por la libertad de expresión;
el divorcio; la píldora del día después,
etc. Guido Girardi marcó una etapa importante enfatizando
la idea del ‘partido ciudadano’ y hoy eso constituye
un patrimonio del PPD. Sin embargo, pienso que no basta con defender
los derechos de la gente a través de los medios de comunicación.
Se requiere una política que potencie a los ciudadanos
para que ellos mismos defiendan sus derechos. Quiero que el sello
distintivo del partido en esta etapa sea: transparencia pública,
descentralización del poder y con especial énfasis,
participación ciudadana, porque es el gran déficit
de la transición a la democracia. Hay que producir un vuelco
en el estilo de gobierno y en la acción de los partidos
políticos, para que posibiliten mayor participación
ciudadana”.
COSTOS DE LA
CORRUPCION
La corrupción ha dañado seriamente la imagen de
la coalición. ¿Qué gravedad le asigna y cómo
cree que el oficialismo podrá recuperar la confianza de
la gente, con miras a las próximas elecciones municipales
y presidenciales?
“El golpe fue certero, al corazón, porque dañó
nuestra ventaja comparativa. Nosotros nunca tuvimos el poder económico
y militar. Nuestra fuerza siempre fue moral y social. Afortunadamente,
la gente ha ido comprendiendo que no todo era corrupción.
En un Estado que hay que modernizar, existen problemas de procedimientos
inadecuados, que permiten áreas grises e irregularidades.
En todo caso, es necesario reconocer que también hubo debilitamiento
de la vocación de servicio público, que es el principio
ético fundamental en política. La política
puede ser hermosa, cuando se usa para servir a los demás
y asquerosa, cuando se utiliza para servirse a uno mismo. En ese
sentido, es muy importante una reiteración del sentido
ético de la política”.
Para las próximas elecciones municipales el PPD y el PS
han rechazado que el 50 por ciento de los cupos sean para la democracia
cristiana, como pretende esa colectividad. ¿Cómo
esperan conciliar los intereses partidistas con la necesidad de
potenciar la Concertación, como bloque de gobierno?
“Buscando un acuerdo municipal, donde el objetivo principal
sea maximizar los resultados de la Concertación y no los
de un partido en particular. Para ello, hay que hacer el ejercicio
de ir comuna por comuna buscando a los mejores candidatos”.
Usted lanzó la candidatura de Jorge Schaulsohn a la alcaldía
de Santiago. ¿Cuáles son sus potencialidades para
ese cargo? ¿Cree que tendría mayor opción
que Jaime Ravinet para derrotar a Lavín?
“Estamos por presentar el mejor candidato que la Concertación
decida. El nuestro es Schaulsohn, porque tenemos la convicción
que es un político inteligente y relevante. Ha estado alejado
de la política el último tiempo, pero tiene la disposición
y vocación del servicio público. Fue diputado por
Santiago y conoce bien la comuna. Su objetivo es ser alcalde para
servir a los vecinos y no usar el cargo como trampolín
para acceder a otras funciones. En cuanto a Lavín, creo
que no será candidato a alcalde. Corre el riesgo de ser
mal evaluado por los ciudadanos, que saben que su intención
real es postular a la presidencia de la República”.
SEGUNDO TIEMPO
DE LAGOS
¿Cómo visualiza la segunda mitad del período
de Ricardo Lagos y qué papel espera cumplir con el PPD?
“Estoy muy optimista. Creo que es un fenómeno que
después de la primera mitad de gobierno, con tantos problemas,
Lagos emerja con más de 54 por ciento de respaldo ciudadano.
Ese apoyo se explica porque el presidente nunca deja de defender
valores en todo lo que dice y hace. Se está entregando
entero para que su gobierno sea uno de los mejores. Partimos con
una situación económica mala y terminaremos bien
en ese plano. Los tratados de libre comercio abren potencialidades
reales de crecimiento económico y de empleos de mejor calidad.
Además, si logramos sacar las tres reformas sociales en
marcha -salud, Chile Solidario y el financiamiento de la educación
superior-, dejaremos la vara muy alta. En ese contexto, mi postura
es de respaldo total al presidente Lagos y espero tener una relación
proactiva con el gobierno”.
Contrariamente a lo que usted plantea, hay sectores que piensan
que el TLC con Estados Unidos profundizará el actual modelo
de desarrollo y que beneficiará principalmente a Estados
Unidos. ¿Qué opina al respecto?
“Pienso que la globalización además de ser
un desafío inevitable, tiene más oportunidades que
desventajas. De hecho, esos tratados deberían fortalecer
derechos laborales y ambientales, no debilitarlos. En ese sentido,
creo que en la Izquierda no debemos ser nostálgicos. Tenemos
que ponernos a la cabeza de los cambios y tratar de conducirlos.
Los TLC abren posibilidades para potenciar las regiones del país,
porque éstas podrán contactarse de manera directa
con otras regiones o países del mundo. Entonces, debemos
apuntar a generar una sinergia de construcción de capital
social con las regiones, con participación del gobierno,
empresarios, pequeñas y medianas empresas, trabajadores
y universidades. La idea es asociarse para producir crecimiento
económico y generación de empleo. También,
hay que aprovechar la posibilidad de convertir a Chile en plataforma
de inversiones para América Latina y el Pacífico.
No obstante, reconozco que tenemos que enfrentar el problema de
la concentración económica. La tendencia es que
una o dos grandes empresas controlen cada sector económico.
Hay que generar políticas reales de fortalecimiento de
las Pymes en distintos sectores. Un camino es potenciar la asociatividad
de las pequeñas empresas”.
Eso requeriría un rol más activo del Estado, como
en Europa, Asia y Estados Unidos. ¿Está de acuerdo
con eso?
“Es fundamental un rol más activo del Estado. Estamos
acomplejados con la cultura neoliberal y prácticamente
pedimos disculpas cuando pensamos en una mayor presencia del Estado
en un área de la economía. Si bien en 1990 el Estado
representaba el 20 por ciento de la economía del país
y hoy está cerca del 25 por ciento, aún puede crecer
más. En todo caso, lo más importante es tener un
Estado proactivo y no neutral frente a una serie de aspectos de
la economía”.
POTENCIAR LA MICROECONOMIA
Con la crisis asiática, la economía chilena bajó
su crecimiento. Sin embargo, hay economistas que plantean que
la caída no se debió sólo a ese factor ,
sino a una crisis del actual modelo de desarrollo. ¿Qué
piensa de ello?
“Creo que hay algo de las dos cosas. La crisis asiática
nos afectó. Pero también es claro que la forma de
crecimiento que tuvimos durante siete años se agotó
y por sí misma no es capaz de mantener el mismo dinamismo.
Por lo tanto, uno de los grandes temas que tiene que resolver
la Concertación son las alternativas económicas.
Es un tema que nunca hemos enfrentado seriamente. Hemos resuelto
bien las cosas en el ámbito macroeconómico, pero
pensar que sólo con eso recuperaremos el ritmo de crecimiento
anterior a la crisis, es iluso. Hay que hacer un vuelco y apostar
por la microeconomía para potenciar un crecimiento distinto.
El desafío es impulsar un desarrollo regional y local más
fuerte; lograr que los TLC beneficien a las regiones y a las Pymes;
implementar políticas reales para el desarrollo de la pequeña
empresa; hacer una inversión mucho mayor en capital humano;
generar más capital social; abrir potencialidades de fomento
productivo en ciertas zonas; crear una batería completa
de incentivos a la inversión privada en regiones, vía
exenciones tributarias o subsidios, etc. Si no hacemos este esfuerzo,
difícilmente recuperaremos un ritmo de crecimiento mayor
a un 4 por ciento”.
A trece años de democracia, Chile está considerado
entre las diez naciones del mundo con peor distribución
del ingreso… y aún nos rige la Constitución
pinochetista de 1980. ¿Qué opina de este récord
y cómo se puede avanzar hacia una democracia más
profunda?
“La necesidad de tener una Constitución plenamente
democrática, es un hecho que va a caer por su propio peso.
Me interesa más descentralizar el poder. Eso nos acercaría
más a una democracia participativa, donde los ciudadanos
tengan poder de verdad. Para ello hay que dar más autonomía
a las regiones y municipios. Generar mecanismos de participación
ciudadana en los municipios, fórmulas de consulta, para
que la gente no sólo elija una autoridad cada seis años.
Respecto del tema económico social, es cierto que hemos
alcanzado ese triste récord. Sin embargo, redujimos la
pobreza a la mitad, en un período donde ésta aumentó
en el resto del mundo. Creo que sin darnos cuenta, fuimos desarrollando
una especie de ‘modelo chileno’. Este modelo se caracteriza
por democracia, un Estado de derecho que funciona, crecimiento
económico acelerado, reducción de la pobreza, políticas
sociales novedosas e intensas, que se mantienen incluso en crisis
económicas. Hoy estamos en una especie de inflexión.
Enfrentamos la disyuntiva de sucumbir al neoliberalismo o ser
capaces de mejorar este modelo. El cómo hacerlo, es la
discusión que debemos enfrentar mucho más seriamente”.
En las últimas semanas el tema de los derechos humanos
ha resurgido con fuerza. ¿Qué opina de la actuación
de la UDI y cuál será la política del PPD
en este ámbito?
“Nuestro planteamiento fundamental es ‘nunca más
y justicia’. Ese es el punto de encuentro y ojalá
sea unánime en Chile. Respecto de la UDI, esperaba que
reconociera sus responsabilidades históricas. Nosotros,
hace más de veinte años hicimos una autocrítica
respecto de nuestros errores y responsabilidades, y cambiamos
en consecuencia. El ejército, con el general Cheyre, ha
ido mucho más lejos que la UDI”.
Finalmente, ¿hay Concertación para un eventual cuarto
período de gobierno? ¿Hay posibilidad de un cuarto
gobierno de la Concertación?
“Un cuarto gobierno de la Concertación: de ninguna
manera. Puede haber un nuevo gobierno del mundo democrático”.
¿Podría precisar su respuesta?
“No puedo decir más”
MANUEL HOLZAPFEL GOTTSCHALK