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Detenidas desaparecidas que estaban embarazadas
¿DONDE ESTAN SUS HIJOS?
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La irracionalidad pudo
más: durante la dictadura militar las llevaron detenidas
estando embarazadas y las hicieron desaparecer junto con
sus hijos. Nada se sabe de esos niños, que hoy serían
veinteañeros.
La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos
(AFDD) registra nueve casos de mujeres embarazadas cuya
suerte se desconoce. Este año se inició una
campaña para ubicar a sus hijos, eventualmente nacidos
en cautiverio, que contempló una línea telefónica.
Sin embargo, según Graciela Zúñiga,
integrante de la AFDD, “la campaña no funcionó,
en parte debido a nuestras carencias, a limitaciones tan
simples como la imposibilidad económica para sacar
más afiches. Aun así, tenemos mucha paciencia.
Hemos estado treinta años buscando y exigiendo. Tal
vez nos queden otros treinta años para poner en el
tapete la situación de las detenidas desaparecidas
embarazadas”. |
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Imaginar a mujeres embarazadas detenidas
desaparecidas es algo que conmueve e impacta, especialmente
en Latinoamérica donde la imagen de la madre es muy
fuerte. Para la AFDD es un desafío: “De alguna
forma, este tema rompe un discurso patriarcal que a nosotras
mismas nos hace hablar de ‘detenidos desaparecidos’,
aunque somos una organización principalmente de mujeres.
Nos olvidamos de las 75 mujeres detenidas desaparecidas
y de las nueve embarazadas: no las reivindicamos; son luchadoras
de Izquierda, se olvida su historia con roles protagónicos
dentro de la sociedad”, señala Graciela.
Los casos de mujeres embarazadas detenidas desaparecidas
son complejos y el impacto en las familias es brutal. “En
cierta forma, las madres de ellas se sienten abuelas, piensan
en nietos de más de veinte años y cada antecedente
falso les genera nuevos dolores”, dice la encargada
de recursos de la AFDD. |
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Hasta ahora, los resultados de la búsqueda
han sido nulos. “Hemos escuchado mil historias del
paradero de los hijos, pero no tenemos ninguna prueba que
nos permita seguir el hilo -dice Graciela-. Hay antecedentes
sobre Colonia Dignidad, pero está claro que realizar
investigaciones adentro es como entrar en la dimensión
desconocida. Además, varios casos fueron sobreseídos.
No se puede afirmar fehacientemente que los hijos nacieron.
Y si hubo partos, los funcionarios médicos que habrían
atendido esos alumbramientos no han roto su pacto de silencio”.
Viviana Díaz, ex presidenta de la AFDD, también
lamenta los escasos avances judiciales y señala que
“nunca se consideró a la madre con el hijo,
como si el hijo no importara. Pero era un ser vivo que estaba
en el vientre de la madre”. De ahí la importancia
de la campaña. |
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Uno de los referentes en esta lucha de la AFDD fue la
Agrupación de Abuelas de Detenidos Desaparecidos,
de Argentina. Los militares argentinos entregaron clandestinamente
en adopción a cerca de dieciséis hijos de
detenidas desaparecidas, y algunos fueron descubiertos
tras largas investigaciones. En Chile, la inquietud por
la búsqueda de esos hijos es de más larga
data que en Argentina, pero también ha sido más
lenta. Se ha perdido un tiempo valioso, aunque todavía
no es demasiado tarde: después de más de
25 años las abuelas y familiares se han agrupado,
se han reabierto procesos y una orden judicial ha llevado
a investigar un hogar de menores.
ESPERANZA Y MEMORIA HISTORICA
Olivia Saso, 77 años, es la madre de la embarazada
desaparecida Cecilia Labrín. Habla con preocupación
de los posibles hijos nacidos en reclusión: “Tengo
referencias de que mi nieta nació en cautiverio
el 5 de marzo y pesó 3 kilos 200.
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Es decir, tengo datos concretos. Me sentí muy
ilusionada con ella, mi primera nieta. En 1975 tuve una
reunión con el ministro del Interior, general César
Benavides; me dijo que mi hija dio a luz. Después
anónimamente me avisaron que a Cecilia la llevaron
a un control de maternidad en el Hospital Barros Luco.
Aunque siempre me han dicho que no se pueden hacer investigaciones
judiciales sin nombres concretos, creo que es posible
que los torturadores adoptaran a los hijos de las detenidas,
como sucedió en Argentina. Además, no es
descabellado suponer que una mujer con siete u ocho meses
de embarazo haya tenido su hijo”.
En este drama afectivo las posiciones pueden ser contrapuestas.
Por ejemplo, Graciela Zúñiga dice que si
se basa en su sensibilidad femenina no cree que existan
hijos de detenidas desaparecidas. “Yo soy pareja
de Alvaro Barrios, un detenido desaparecido del MIR. Desde
mi convicción de mujer, desde mis ovarios, siento
que las embarazadas detenidas desaparecidas no tuvieron
sus hijos, debido a la brutalidad con que se aplicaron
las torturas.
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Pienso que esas chiquillas murieron junto con sus hijos, pero
es una opinión muy personal y sé que puede herir
sentimientos. Y si los hijos efectivamente nacieron, no creo que
a ellas las hayan ingresado en los hospitales con sus nombres
verdaderos”, acusa.
Por su parte, el dolor, la esperanza y la ternura de madre y abuela
de la señora Olivia Saso la hacen pensar en una hija y
una nieta vivas. “Para mí, aunque soy católica,
creo que no tienen perdón de Dios. Mi corazón sangra
cuando hablo de mi hija, es una tortura que creo tenemos todas
las mamás de detenidos desaparecidos. Yo, al principio,
estaba medio loca, veía una niña pequeña
por ahí y le miraba la carita. Era una verdadera sicosis.
Aunque eso pasó, no dejo de recordar el cumpleaños
de mi nieta, que en estos momentos tendría 27 años
y sería mi nieta mayor. Ella, en mi corazón y en
mi casa, está viva y presente. Aunque no la conocí,
le puse Daniela y creo que puede estar viva. Si es así,
lo único que quiero es que la familia que la crió
le haya inculcado valores y la quiera como nosotros la hubiéramos
querido”, susurra la hoy bisabuela y matriarca de un hogar
de ocho personas de la comuna de La Reina.
Para Graciela Zúñiga, lo principal es el rescate
de la memoria histórica. “Nosotros tenemos que reivindicar
la memoria de todas nuestras víctimas. Como feminista,
creo que debemos reivindicar la maternidad y le pido a la sociedad
un poco de coherencia. Si la maternidad es tan valiosa, asumamos
una parte de nuestra historia que es extremadamente negra, fea
y dolorosa. Se puede reivindicar el nombre de estas mujeres con
gestos pequeños: una calle en el barrio donde vivieron,
una maternidad que lleve sus nombres, una sala cuna en el lugar
donde trabajaron”.
Por su parte, Olivia Saso se muestra crítica frente a la
“fiebre de memoria de los treinta años”. Que
los medios de comunicación muestren los horrores de la
dictadura es, para ella, “simplemente un mea culpa y no
que estén realmente interesados en dar una respuesta completa”.
Sin embargo, se manifiesta esperanzada en los jóvenes.
“La mayoría de los estudiantes de servicio social
no conoció a Cecilia -quien también optó
por esa carrera-, pero le hacen homenajes y me llaman para que
les hable de ella. Los veo comprometidos e interesados. Yo estoy
orgullosa de lo que hacía mi hija, trabajaba en las poblaciones
y siempre sacaba un paquetito de alimentos de mi casa y me decía
‘gorda, ellos no tienen nada’. Eso recién lo
entiendo hoy. A esos jóvenes les digo que mi hija no en
vano dio su vida. Y aunque suene extraño, yo no quiero
un hueso suyo. Ella vive entera, y aunque me digan que soy ilusa
sueño con que un día va a tocar el timbre de mi
casa”.
Graciela Zúñiga afirma que aún falta dimensionar
lo sucedido con las embarazadas desaparecidas. Por eso, la AFDD
pidió que se designe un juez con dedicación exclusiva
en el caso de estas mujeres. Viviana Díaz dice: “Queremos
que quienes torturaron a Michelle Peña digan si su hijo
murió en las torturas, o si ese niño o niña
fue a manos de sus aprehensores. Todavía mantengo la esperanza
de que alguno de los torturadores se decida a decir qué
pasó con ellas. Más de alguna guagua debió
nacer en cautiverio, y tal vez hoy sean jóvenes que no
saben de su situación”
LUIS KLENER HERNANDEZ
RECUADRO 1
Una familia destruida
En este carnaval de horrores no sólo hay detenidas desaparecidas
embarazadas. También hay cuatro mujeres embarazadas que
fueron ejecutadas: Beatriz Elena Agüero, de 26 años;
Sonia Norambuena Cruz, de 34; Alva Guida Grandón, de 29,
y Mónica del Carmen Pacheco Sánchez, militante del
MIR de 25 años, quien tenía tres meses de embarazo
cuando fue asesinada.
Mónica Pacheco era hija de campesinos y ejercía
como profesora básica en un colegio de Quilicura. Se casó
con Roberto Gallardo Moreno, también ejecutado político.
Su suegra, Ofelia Moreno, hoy de 78 años, la recuerda con
cariño, igual que a los otros cuatro familiares ejecutados
por la dictadura: su esposo Alberto Gallardo Pacheco, militante
comunista de 62 años; su hijo Roberto Gallardo Moreno;
su hija Catalina Ester Gallardo Moreno (29), y el esposo de ésta,
Juan Rolando Rodríguez Cordero (31), militantes del MIR.
Mónica y Roberto se conocieron en la Acción Católica,
el año 70. “En su matrimonio hubo un tremendo letrero
de Cristianos por el Socialismo y pensé que eran socialistas
-dice Ofelia Moreno-. Pero después los diarios dijeron
que eran miristas”. Ella recuerda que en 1973 a Roberto
le pedían el certificado del servicio militar, por eso
ingresó al ejército. Le ordenaban cosas con las
que no estaba de acuerdo, pero a fines del 73 logró que
lo dieran de baja. “El año 75 nos llevaron a todos
detenidos y ahí empezó el drama”, señala
Ofelia. Al quedar en libertad, comenzó a buscar a sus familiares.
“A las tres semanas me dijeron en la Vicaría que
fuera a buscar los cuerpos de mi hijo, mi hija y mi nuera”.
Mónica Pacheco fue asesinada con tres meses de embarazo.
“Su cuerpo estaba completamente desfigurado”, recuerda
Ofelia.
Agrega que en la operación participó el general
Ernesto Baeza, entonces director de Investigaciones. “El
nos detuvo y me dejó libre después. El general Baeza
mandó a mi familia a Villa Grimaldi y levantó la
calumnia de que eran extremistas. Tuve un comparendo con él,
y mintió todo. Me dejó como una loca, pero cuando
íbamos en el ascensor no subió en el mismo piso,
sino más abajo. Mi nieta lo vio, se enfureció y
empezó a gritarle ‘¡Asesino!’, en su
cara. ¡Ese es mi único alivio!”
OTRO ARTICULO MAS
Historias de vida y muerte
Todas las mujeres embarazadas detenidas desaparecidas eran menores
de 30 años. En la actualidad, sus hijos tendrían
entre 25 y 28 años. Cuatro de ellas eran miristas, dos
eran comunistas, dos socialistas y una del Mapu. Seis de ellas
fueron apresadas con sus parejas. En total, quedaron siete hijos
huérfanos.
Cecilia Bojanic Abad tenía 23 años, era secretaria
y estaba embarazada de cuatro meses y medio. Se había casado
con Flavio Oyarzún Soto (27), también detenido desaparecido.
Ambos militaban en el MIR. Fueron detenidos el 2 de octubre de
1974 por agentes de la Dina que los condujeron a José Domingo
Cañas y luego a Cuatro Alamos, desde donde desaparecieron.
El día de la aprehensión, detuvieron a Cecilia junto
a su hijo de un año y medio. La subieron a un automóvil
para llevarla a la casa de su hermana Ximena, donde apresaron
a Flavio y abandonaron al menor. El hijo que esperaba debería
haber nacido en febrero de 1975.
Tres de las embarazadas desaparecidas eran asistentes sociales
de la Universidad de Chile. La primera en desaparecer fue María
Cecilia Labrín Saso, militante del MIR con dos meses de
embarazo. Fue detenida por la Dina el 12 de agosto de 1974, en
presencia de su madre y sus hermanas. Aunque se encontraba en
cama porque su embarazo presentaba complicaciones, le dijeron
que sólo deseaban hablar con ella por su trabajo en la
Corvi. María Cecilia se levantó y los acompañó
a la 23 Comisaría de Carabineros de La Reina. Su madre,
Olivia Saso, insistió en acompañarla, pero no la
dejaron. Como no retornaba, la madre acudió esa noche a
la 23 Comisaría de Carabineros donde le informaron que
no sabían nada al respecto. Fue a otras comisarías
y a Investigaciones: tampoco encontró respuesta. Dos días
después de ser detenida, María Cecilia fue llevada
hasta el domicilio de Sergio Vesely Fernández, militante
del MIR buscado por la Dina. Allí la recibió la
madre de éste, quien declaró que la acompañaba
un civil y que tenía los ojos llorosos. La joven abrazó
a esta mujer y el desconocido la sacó del lugar. Cuando
en noviembre de 1992 Marcia Alejandra Merino Vega empezó
a entregar información relacionada con detenidos desaparecidos,
dijo que María Cecilia Labrín estuvo en Londres
38, donde fue torturada y luego trasladada a Cuatro Alamos. Su
madre sostiene que nació una niña durante el cautiverio.
Otra asistente social embarazada era Elizabeth Mercedes Rekas
Urra, de 27 años, con un hijo en gestación de cuatro
meses. Trabajaba en el Metro y estaba casada con Antonio Elizondo.
Eran militantes del Mapu y fueron detenidos por la Dina el 26
de mayo de 1976. Dos días antes habían aprehendido
al hermano de Elizabeth, quien fue interrogado en Villa Grimaldi
por las actividades de su hermana. Por un relato de un fugado
de Colonia Dignidad existe información no confirmada de
que habría estado allí. Su hijo debería haber
nacido en octubre de 1976.
Jacqueline Droully fue detenida el 30 de octubre de 1974, con
tres meses de embarazo. Cursaba cuarto año de la carrera
de trabajo social y es la única que aparece en la nómina
de los “119”. Según antecedentes de Amnistía
Internacional, el gobierno alemán e Investigaciones, los
119 detenidos desaparecidos habrían estado en Colonia Dignidad.
Sin embargo, todas las investigaciones para comprobarlo han fracasado.
Si nació, el hijo de Jaqueline tendría hoy 27 años.
Gloria Esther Lagos Nilsson, secretaria, casada y madre de tres
hijos, estaba embarazada de dos meses al momento de su detención.
Militaba en el MIR y fue secuestrada por la Dina en su domicilio,
el 26 de agosto de 1974, en presencia de su hijo de 10 años.
Antes habían detenido a su pareja. Se sabe que estuvo en
Cuatro Alamos. Su caso fue sobreseído por la Corte de Apelaciones
de Pedro Aguirre Cerda, en junio de 1981.
Michelle Marguerite Peña Herreros era estudiante de ingeniería
en la Universidad Técnica del Estado, y militante socialista.
Estaba embarazada de ocho meses y medio cuando fue detenida por
la Dina el 20 junio de 1975. Hay antecedentes imprecisos de un
eventual alumbramiento. Su madre sostiene que en los primeros
días de julio de 1975 nació un niño en la
maternidad del Hospital de la Fach y, según un estudio
del Codepu, Michelle “pudo ser recluida en el antiguo hospital
del pulmón ubicado en el Cajón del Maipo”.
Fue detenida en su casa junto a Ricardo Lagos Salinas, dirigente
socialista en la clandestinidad. Se sabe que estuvo en Villa Grimaldi.
Igual que en otros casos, el sumario fue sobreseído temporalmente,
pero su familia presentó una denuncia ante organismos internacionales.
Michelle había nacido en Francia y su madre huyó
de la España republicana derrotada.
Nalvia Rosa Mena Alvarado era militante de las Juventudes Comunistas.
Tenía 20 años al momento del secuestro; estaba casada
con Luis Emilio Recabarren González y ya tenían
un hijo de dos años y medio. Nalvia tenía tres meses
de embarazo cuando fue detenida por la Dina junto a su esposo,
su cuñado y su suegro, el 29 de abril de 1976. Ella y su
hijo pasaron a buscar a Luis Emilio a su lugar de trabajo para
volver juntos al hogar, pero los dos adultos nunca llegaron a
destino mientras el menor fue abandonado cerca de su casa por
un sujeto que se movilizaba en taxi. Testigos señalan que
pese a los gritos y súplicas de Nalvia, los captores la
golpearon en el vientre y la subieron en estado inconsciente al
vehículo en que se movilizaban.
Reinalda del Carmen Pereira Plaza era hija única y esperaba
su primer hijo. Tecnóloga médica y militante del
Partido Comunista, fue detenida el 15 de diciembre de 1976 y debería
haber dado a luz en marzo de 1977. Igual que a otras siete personas,
la detuvieron brutalmente en la vía pública. Había
salido a buscar trabajo y a hacerse exámenes médicos.
Cerca de las 20.30 horas sorpresivamente se detuvo un automóvil,
la redujeron y la metieron al auto no sin antes golpear su cabeza
contra el borde de la puerta. El ministro Carlos Cerda logró
que testigos reconocieran que en los hechos estuvo presente el
agente Roberto Fuentes Morrison, alias “El Walli”.
El juicio por detención fue sobreseído definitivamente
mediante la aplicación de la Ley de Amnistía. El
informe de la mesa de diálogo señaló que
los restos de Pereira estarían en la cuesta Barriga, “pero
muy a nuestro pesar tenemos que decir que ese fue un informe falso”,
dice hoy Graciela Zúñiga.
Gloria Ximena Delard Cabezas habría salido de Chile tras
una acción planificada por su padre médico. En 1977,
a los 23 años, fue apresada en Buenos Aires, donde estudiaba
economía. Estaba casada con Roberto Cristi, tenía
tres hijos y un embarazo de tres meses. Fue secuestrada junto
a su esposo, ambos eran militantes del MIR. Tras la detención,
dos de sus hijos fueron enviados a orfanatos y su hija Victoria
quedó bajo la protección del obispo de Neuquén.
Ex presos políticos señalan que Gloria y su esposo
fueron llevados al centro de tortura de la Escuela de Mecánica
de la Armada (Esma). Gloria habría dado luz a una niña.
Las abuelas de la Plaza de Mayo recolectaron estos antecedentes
e iniciaron una búsqueda hasta ahora sin resultados.
La primera investigación sobre las mujeres embarazadas
detenidas desaparecidas la realizó un equipo del Codepu,
en 1992. El libro Todas íbamos a ser reinas relata la vida
de estas nueve mujeres. Fue el primer indicio de que algunas de
ellas fueron llevadas a Colonia Dignidad y que otras podrían
haber dado a luz en hospitales como el Barros Luco o el de la
Fach.
Quienes quieran obtener más información sobre este
tema pueden hacerlo en la dirección electrónica
www.memoriaviva.org. Y quien tenga antecedentes verificables,
que los comunique al Codepu
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